14/5/12

Qué será de mi si algún día lo olvido todo.

Qué será de mi cuando ya no recuerde tu perfume, ni la forma en que me mirabas. O cuándo venías por detrás y me abrazabas. Cuando te daba la espalda mientras fingía enfadarme, y acababa rendida a tus cosquillas. Qué será de mi cuando no pueda recordar el baile de tus dedos enrredando mi pelo con suaves caricias, ni como conseguías ponerme nerviosa cuando me mirabas fijamente hasta que a mi me entraba la risa y te empezaba a pegar como una niña pequeña. La tarde en un banco cualquiera del parque más escondido del pueblo, donde después de tanto tiempo seguías poniéndome nerviosa. Qué será de todo lo que vivimos, de cada instante, de cada beso, de cada abrazo, de cada promesa, de cada susurro, de cada mariposa ahora ya muerta por el veneno de los recuerdos. ¿Qué será de todo este tiempo si algún día ninguno de los dos se acuerda? No olvides que prometimos recordarnos.

10/5/12

Siempre.

Voy a morderte los labios a cada milésima de segundo. A clavarte mis pupilas como si fueran chinchetas. Te demostraré lo mucho que te quiero y lo que me importas. Mandaré a mis labios de excursión por tus orejas susurrando palabras sin sonido. Para el reloj. Me importa una mierda la hora que sea. Si es de día o de noche a nosotros no nos afecta. Lo único que importa somos tú y yo. Súbete conmigo a esa montaña rusa donde el ritmo marca los latidos de mi pecho. Donde tú y yo lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar. Donde voy a quererte hasta la última letra de tu nombre. Porque eso es lo que me apetece hacer hoy, y todos los días de mi vida.

7/5/12

Espejos, reflejos, complejos.

Febrero. Sábado por la tarde. A pesar del mes en que estamos, el calor inunda las calles de Madrid, haciendo así que los abrigos vuelvan a ser inservibles por unos días. Abro el armario, sin saber bien qué estoy buscando. Dos montones de camisetas dobladas perfectamente una encima de otra. Escojo las que aún me siguen gustando, todas de temporada de verano, y una a una, me las pruebo. Demasiado justa. Muy apretada. Puf, en esta la mangas son demasiado cortas y no me gusta que se me vean tanto los brazos. ¿Y esta? Bah, ya no me favorece. Y ahora, pantalones. Este me hace un trasero enorme. Me resalta demasiado mis gigantescas piernas. Éste, ya ni me vale. Aquel tampoco. Mmmm... estos son demasiado claritos. ¡Joder! ¿desde cuando estoy así?
Me miro semi desnuda en el espejo que desde hace unos meses está colgado en una de las puertas del armario. Mira eso, y eso otro. Puf, ¿ves eso? Lo odio. Recorro todo mi cuerpo con las yemas de mis dedos mientras no dejo ni un segundo de mirar mi asqueroso reflejo.
Paro en mis piernas, y apretándolas entre mis manos, pellizco un poco de carne, hago lo mismo por la cintura, brazos, estómago e incluso mofletes. Una sensación que no me gusta, recorre mi cuerpo provocando un nudo en la garganta seguido de una capa de agua que recubre mis ojos. Mientras, en mi cabeza solo puedo escuchar ''¡Gorda! ¡gorda! ¡gorda!'' ¡Cállate, no quiero escucharte voz estúpida! Pero es que, mira esto, es demasiado grande. Y esto, demasiado pequeño. No lo suficientemente delgado. Ahí falta, y aquí sobra. Y aquí, y aquí. Mira eso, normal que la ropa no me siente bien. ''Gorda, gorda, gorda, gorda.'' ¡Basta, por favor! Déjame... Me voy, no quiero verme más. Te odio, ¿me oyes? ¡Te odio, espejo, a ti y a lo que veo reflejado en él! Maldita sociedad, que me ha roto por dentro. Maldita comida. Maldita báscula. Maldito puñado de números que controlan mi vida. Maldita ropa. Maldito el momento en el que me convertí en un monstruo. Y me meto en la cama. Arañazos por todo mi cuerpo, débil, inocente, joven, provocados por la rabia y la impotencia. Y lágrimas que parecen formar una cascada sobre mis mejillas, y parece que no tienen intención de dejar de caer. No puede ser. ¿Cuándo he llegado hasta este punto? Y con el pensamiento de que no será ni fácil, ni rápido escapar de esta sensación, de estos pensamientos, de mi, me sumerjo a un mundo feliz, sin complejos, que se encuentra dentro de mi almohada.